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reprostesDe medio pelo."Positivo Constructivo. El color amarillo denota alegría y positivismo, la luz del sol. El sombrero amarillo es optimista y cubre la esperanza y el pensamiento positivo. El Amarillo es la contraparte del sombrero negro, no el blanco, que sabemos que es neutro. Cuando nos ponemos imaginariamente el sombrero amarillo debemos asumir el rol de ser positivos y constructivos; ocuparnos de la evaluación positiva. El amarillo también es objetivo (lógico-positivo) como el sombrero negro, pues debe explicar el por qué del positivismo, basado en la experiencia pasada. Es dificil asumir este rol o actitud. Estamos acostumbrados a ser negativos, pero ser positivos con las ideas de los demás, no. Por lo general sólo somos positivos con nuestras propias ideas o con las ideas de nuestro Jefe. Cuando una persona da una idea y los demás se ponen el sombrero amarillo, buscan, en base a su experiencia pasada, cómo pueden hacer crecer los diferentes aspectos que tiene la idea presentada y la hacen crecer. Por eso se dice que el sombrero amarillo es positivo constructivo. El rol del sombrero amarillo puede ser especulativo, pues una parte de este pensamiento se basa en diseñar objetivos en donde especulamos (en base a experiencia pasada) su buen desempeño o solución óptima. Error de una falsa causalidad.-En todos los tiempos se ha creído saber qué cosa es una causa; pero ¿de dónde derivábamos nuestro saber, más exactamente, nuestra creencia de que sabíamos? Del reino de los famosos “hechos interiores”, ninguno de los cuales ha sido aún corroborado. Nos atribuíamos en el acto volitivo un carácter causal; creíamos sorprender por lo menos in flagranti la causalidad. Asimismo, no se dudaba de que todos los antecedentes de un acto, sus causas, habían de buscarse en la conciencia y que en ésta se lo sencontraba si en ella se los buscaba, como “motivos”; o si no, se habría estado en libertad de cometerlo, no se habría sido responsable por él. Por último, ¿quién iba a negar que el pensamiento fuera el efecto de una causa? ¿Que el yo causara el pensamiento...? De estos tres “hechos interiores”, que parecían garantizar la causalidad, el primordial y más convincente es el de la voluntad como causa; la concepción de una conciencia (“espíritu' como causa v, más tarde, la del yo (“sujeto”) como causa son tan sólo concepciones derivadas, una vez que se consideraba dada, como empiria, la causalidad de la voluntad... Desde entonces hemos meditado en forma más honda y penetrante. Ya no creemos una palabra de todo esto. El “mundo interior” está plagado de espejismos y fuegos fatuos; uno de ellos es la voluntad. Ésta ya no acciona nada y, por ende, ya no explica nada; no es más que un fenómeno concomitante que puede faltar. Otro error es el llamado “motivo”, que es un mero fenómeno accidental de la conciencia, un corolario del acto que no tanto representa sus antecedentes como los oculta. iY no se diga el yo! Éste se ha convertido en fábula, ficción, juego de palabras; ¡ha cesado por completo de pensar, de sentir y de querer! ... ¿Qué se deduce 'de esto? ¡No hay causas mentales! ¡Toda la presunta empiria al respecto se ha reducido a la nada! ¡He aquí lo que se sigue de esto! Y, sin embargo, habíamos abusado a más no poder de esta “empiria”; en base a ella habíamos construido el mundo como un mundo de causas, de voliciones, de espíritus. Trabajaba en esto la más antigua y más larga sicología, que en definitiva no hacía otra cosa; para ella, todo acaecer era un hacer y todo hacer la consecuencia de una volición. El mundo se le aparecía como una multitud de agentes y todo acaecer como determinado por un agente (un “sujeto”). El hombre ha proyectado fuera de sí sus tres “hechos interiores”, aquello en que más firmemente creía: la voluntad, el espíritu y el yo; desarrolló del concepto “yo” el concepto “Ser” y concibió las “cosas” a su imagen como algo que “es”, de acuerdo con su concepto del yo como causa. No es de extrañar, así, que luego haya vuelto a encontrar en las cosas lo que en ellas había introducido. La cosa, el concepto “cosa”, lo repito, no es sino un reflejo de la creencia en el yo como causa... Y aun en su átomo, señores mecanicistas y físicos, i cuánto error, cuánta sicología rudimentaria subsiste aún en su átomo! ¡Y no se diga la “cosa en sí”, el horrendem pudendum de los metafísicos! ¡El error del espíritu como causa confundido con la realidad! ¡Y erigido en criterio de la realidad! ¡Y llamado Dios! ¿Cuál es el resultado si se procede de un modo diferente? ¿Si, por ejemplo, se practica sicología reporteril sobre el modelo de los romanciers parisienses, grandes y pequeños? Esa gente dijérase que acecha la realidad y todas las noches vuelve a casa con un puñado de curiosidades... Pero el resultado está a la vista: un montón de páginas pintarrajeadas, un mosaico en el mejor de los casos; de todos modos, una cosa compuesta, inquieta, estridente. En este aspecto, lo peor corresponde a los Goncourt, los cuales no juntan tres frases que no hieran la vista, la vista del sicólogo. La Naturaleza, artísticamente apreciada, no es un modelo. Exagera, deforma y crea lagunas. La Naturaleza es el azar. El estudio “del natural” se me antoja un mal síntoma; denota sumisión, debilidad y fatalismo. Esta postración ante los petits faits no es digna del artista cabal. Ver lo que es-he aquí algo que corresponde a un tipo diferente de espíritus, a los espíritus anti-artísticos, fácticos-. Hay que saber quién se es... A propósito de la sicología del artista. Para que haya arte, cualquier hacer y mirar estético, es imprescindible un requisito fisiológico: la embriaguez. Hasta que la embriaguez no haya acrecentado la excitabilidad de todo el mecanismo no aparece el arte. Todas las clases de embriaguez, por diferentemente determinadas que estén, tienen este poder; lo tiene, sobre todo, la embriaguez de la excitación sexual, forma antigua y primaria de la embriaguez. Como también la embriaguez que deriva de todos los grandes apetitos, de todos los fuertes afectos; la embriaguez de la fiesta, de la rivalidad, de la hazaña, del triunfo, de todo movimiento extremo; la embriaguez de la crueldad; la embriaguez de la destrucción; la embriaguez derivada de determinados factores meteorológicos, por ejemplo, la embriaguez de la primavera o de la acción de los narcóticos. Por último, la embriaguez de la voluntad, de una voluntad cargada y henchida. Lo esencial de la embriaguez es la sensación de fuerza acrecentada y plena. Esta sensación impulsa al individuo a obsequiar a las cosas, a participar en ellas, a violentarlas; a esto es a lo que se le llama idealizar. Emancipémonos en este punto de un prejuicio: el idealizar no consiste, como se cree comúnmente, en una deducción o abstracción de lo pequeño y secundario, lo decisivo es una tremenda acentuación de los rasgos principales, al punto que desaparecen los demás. Embargado por este estado, uno enriquece todo con su propia plenitud; todo lo que ve y apetece lo ve henchido, pletórico, vigoroso, cargado de fuerza. El hombre ebrio transmuta las cosas, hasta que reflejan su propio poder, hasta que son reflejos de su propia perfección. Este no poder por menos de transmutar las cosas en algo perfecto es a lo que llamamos arte. Incluso todo lo que él no es, se convierte en goce propio; en el arte, el hombre goza de sí mismo como de algo perfecto. Es dable concebir un estado contrario, una específica esencia anti-artística del instinto, un modo de ser que empobrece, diluye y atrofia todas las cosas. Y, en efecto, abundan en la historia tales antiartistas, tales famélicos de la vida que por fuerza toman las cosas, las agotan y desnutren. Tal es, verbigracia, el caso del cristianismo genuino de Pascal. No se da un cristiano que al mismo tiempo sea artista..., y no se incurra en la puerilidad de alegar el caso de Rafael o de cualquier cristiano homeopático del siglo XIX; Rafael dijo sí e hizo sí, luego no fue un cristiano... Yo he sido el primero en tomar en serio, para la comprensión del instinto heleno de los primeros tiempos, aún rico y hasta pletórico, ese fenómeno maravilloso que lleva el nombre de Dionisos; fenómeno que sólo puede ser explicado por un excedente de fuerza. Quien ahonda en el estudio de los griegos, como ese conocedor más profundo de su cultura, Jakob Burckhardt, de Basilea, se percata al momento de la significación de mi actitud. Insertó Burckhardt en su Cultura de los griegos un capítulo dedicado expresamente a dicho fenómeno. Para conocer la antítesis del mismo no hay más que considerar la pobreza casi hilarante de los instintos de qué dan prueba los filólogos alemanes en cuanto se asoman a lo dionisíaco. Sobre todo el famoso Lobeck, que con el digno aplomo de un gusano secado entre libracos se introdujo en este mundo de estados misteriosos tratando de creer que así era científico, cuando en realidad era superficial y pueril en un grado que da asco. Lobeck ha dado a entender, en un máximo despliegue de erudición, que todas estas curiosidades en el fondo no significaban gran cosa. De hecho, los sacerdotes comunicarían a los participantes de tales orgías algunos datos nada fútiles; por ejemplo, que el vino excitaba la voluptuosidad; que el hombre se alimentaba eventualmente de frutos; que las plantas florecían en la primavera y se marchitaban en otoño. En cuanto a la desconcertante riqueza en ritos, símbolos y mitos de origen orgiástico que literalmente cubre el mundo antiguo, es para Lobeck motivo para aumentar un poquito su ingenio. “Los griegos-escribe en Aglaofames I, 672-cuando no tenían otra cosa que hacer reían, correteaban y se lanzaban por ahí, o bien, ya que el hombre a veces también siente estas ganas, se sentaban y prorrumpían en llanto y lamento. Luego otros se les acercaban y buscaban algún motivo que explicara tan rara conducta; así se desarrollaron como explicación de esas costumbres innumerables leyendas y mitos. Por otra parte, se creía que ese comportamiento gracioso que se registraba en los días de fiesta era un rasgo esencial de las fiestas, y así lo preservaban como parte imprescindible del culto.” Esto es un solemne disparate; no se tomará en serio a Lobeck ni por un instante. Con muy otra disposición examinamos el concepto “griego” que se han formado Winckelmann y Goethe, y lo encontramos incompatible con ese elemento del que surge el arte dionisíaco : con el orgiástico. En efecto, no dudo de que Goethe hubiera negado de plano que algo semejante cupiese dentro de las posibilidades del alma griega. Quiere decir que Goethe no comprendió a los griegos. Pues sólo en los misterios dionisíacos, en la sicología del estado dionisíaco, se expresa el hecho fundamental del instinto heleno: su “voluntad de vida”. ¿Qué se garantizaba el heleno con estos misterios? La vida eterna, el eterno retorno a la vida; el futuro prometido y consagrado en el pasado; el triunfante sí a la vida más allá de la muerte y mutación; la vida verdadera como pervivencia total, por la procreación, por los misterios de la sexualidad. De ahí que para los griegos el símbolo sexual fuera el símbolo venerable en sí, la profundidad propiamente dicha en toda la piedad antigua. Todo pormenor relativo al acto de la procreación, al embarazo y al parto suscitaba los sentimientos más elevados y solemnes. En la doctrina de los misterios está santificado el dolor: los “dolores de la parturienta” santifican el dolor en sí; todo nacer y crecer, todo lo que garantiza el futuro, determina el dolor... Para que haya eterno goce de la creación, para que la voluntad de vida eternamente se afirme a sí misma, debe haber también eternamente por fuerza la “agonía de la parturienta”... Todo esto encierra la significación de la palabra “Dionisos”; yo no conozco simbolismo más elevado que este simbolismo griego, el de las dionisas. En él, el instinto más profundo de la vida, el del futuro de la vida, de la eternidad de la vida, está sentido religiosamente, y el camino mismo a la vida, la procreación, como el camino santo... Sólo el cristianismo, con su resentimiento fundamental dirigido contra la vida, ha hecho de la sexualidad algo impuro: ha enlodado el principio, la premisa de nuestra vida... La sicología de lo orgiástico, como de un sentimiento pletórico de vitalidad y fuerza dentro del cual aun el dolor obra como estimulante, me ha ofrecido la clave del concepto del sentimiento trágico, que tanto Aristóteles como, en particular, nuestros pesimistas, han entendido mal. La tragedia, lejos de corroborar el pesimismo de los helenos en el sentido de Schopenhauer, ha de ser considerada como rotunda refutación y antítesis del mismo. El decir sí a la vida, aun en sus problemas más extraños y penosos, la voluntad de vida gozando con la propia inagotabilidad en el sacrificio de sus tipos más elevados: a esto es a lo que he llamado dionisíaco, lo que he adivinado como clave de la sicología del poeta trágico. No para librarse de terror y de la compasión, no para purgarse de un peligroso afecto por la descarga violenta del mismo, como creyó Aristóteles, sino para ser personalmente, más allá de terror y compasión, el goce eterno del devenir, ese goce que comprende aun el goce del destruir... Y así llego de vuelta al punto del que en un tiempo partí: El origen de la tragedia que fue mi primera transmutación de todos los valores. Así me reintegro al suelo del que brota mi querer y mi poder -yo, el último discípulo del filósofo Dionisos-, yo, el pregonero del eterno retorno..."Ir a cagar a casa de otra gente.Ya hemos visto (libro I, cap. XXII [pp. 525–533]) que la acumulación, la transformación de la plusvalía en capital, constituye por su contenido real un proceso de reproducción en escala ampliada, ya se manifieste esta ampliación de un modo extensivo, bajo la forma de incorporación de nuevas fábricas a las antiguas, o de un modo intensivo, ampliando la escala anterior de la industria. De putas en Barcelona Si es cierto que, de una parte, con el progreso de la producción capitalista, el desarrollo de los medios de transporte y comunicación acorta el tiempo de circulación para una determinada cantidad de mercancías, no es menos cierto que este mismo progreso y la posibilidad que el desarrollo de los medios de comunicación y transporte entraña, supone, por el contrario, la necesidad de trabajar para mercados cada vez más lejanos, en una palabra, para el mercado mundial. La masa de las mercancías que se hallan en camino, transportadas hacia puntos alejados, crece en enormes proporciones y también, por tanto, en términos absolutos y relativos, la parte del capital social que se encuentra constantemente, para plazos largos, en la fase del capital–mercancías, dentro del período de circulación. Con ello crece, al mismo tiempo, la parte de la riqueza social que, en vez de servir como medio directo de producción, se invierte en medios de comunicación y de transporte y en el capital fijo y circulante necesario para su explotación. De putas en BCN Respuesta a la segunda versión: si dependiese de los productores capitalistas el subir a su antojo los precios de sus mercancías, podrían hacerlo y lo harían, indudablemente, sin necesidad de subir los salarios. Los salarios no subirían nunca al bajar los precios de las mercancías. La clase capitalista no se opondría jamás a los sindicatos, puesto que podría hacer siempre y en cualesquier circunstancias lo que en la actualidad hace de hecho excepcionalmente en determinadas circunstancias especiales, en circunstancias locales, por decirlo así, a saber: aprovecharse de cualquier alza de los salarios para aumentar en una proporción mucho mayor los precios de las mercancías, es decir, para obtener mayores ganancias. De putas Por lo que se refiere a su demanda de fuerza de trabajo, ésta se halla determinada, en cuanto a su valor, por la relación entre. A su capital variable y su capital global, es, por tanto, = v: C, por cuya razón, dentro de la producción capitalista y desde el punto de vista de su producción, tiende a ser cada vez más pequeña que su demanda de medios de producción que va en constante aumento, mayor comprador de Mp que de T. www.girlsbarcelona.com Para acumular capital, debe ante todo retirar de la circulación una parte de la plusvalía en forma de dinero, atesorarla, hasta que alcance las proporciones necesarias para ampliar su negocio antiguo o emprender otro accesorio. Mientras dura el atesoramiento, no incrementa la demanda del capitalista; el dinero permanece inmovilizado: no retira del mercado de mercancías ningún equivalente en forma de mercancía por el equivalente en dinero que sustrae de él a cambio de la mercancía que aporta. Madrid Acompañantes La mercancía fabricada por el capitalista no se diferencia en nada, desde este punto de vista, de las mercancías producidas por un obrero independiente, por una colectividad de obreros o por esclavos. Sin embargo, en nuestro caso el producto del trabajo y todo su valor pertenecen íntegros al capitalista. Al igual que cualquier otro producto, éste tiene que convertir la mercancía, mediante su venta, en dinero, para poder seguir manipulando con él; tiene que transferirla a la forma de equivalente general. Girls valencia La circulación, es decir, el movimiento de las mercancías en el espacio, se traduce en el transporte de las mercancías. La industria del transporte forma, por una parte, una rama independiente de producción y, por tanto, una base especial de inversión del capital productivo. Por otra parte, se distingue por el hecho de manifestarse como la continuación de un proceso de producción dentro del proceso de circulación y para éste. www.chicrelax.com Explicación sicológica de lo antedicho.-Reducir algo desconocido a algo conocido alivia, reconforta, satisface y proporciona una sensación de poder. Lo desconocido involucra peligro, inquietud y zozobra; aplícase el instinto primordialmente a eliminar estos estados penosos. Primer principio: cualquier explicación es preferible a ninguna explicación. Como en definitiva se trata tan sólo de un afán de librarse de representaciones penosas, se echa mano de cualquier medio que se ofrece con tal de quitárselas de encima, sin discriminar mayormente; cualquier representación mental en virtud de la cual lo desconocido se dé por conocido resulta tan reconfortante que se la “cree cierta”. Es la prueba del placer (“de la fuerza”) como criterio de la verdad. El impulso causal está, pues, determinado y excitado por el temor. El “¿por qué?” debe dar en lo posible no la causa por la causa misma, sino determinado tipo de causa: una causa que tranquilice, redima, alivie. El que algo ya conocido, experimentado, grabado en la memoria, sea establecido como causa es la primera consecuencia de esta necesidad íntimamente sentida. Lo nuevo, no experimentado, extraño, queda excluido como causa. De modo que se busca como causa no un tipo de explicaciones, sino un tipo escogido y preferido de explicaciones, aquel que con más rapidez y frecuencia haya eliminado la sensación de lo extraño, nuevo, jamás experimentado las explicaciones más corrientes. Como consecuencia de esto, un determinado tipo de motivación causal prevalece cada vez más, se reduce a sistema y llega al fin a dominar, con exclusión de otras causas y explicaciones. El banquero piensa en seguida en el “negocio”, el cristiano en el “pecado” y la muchacha en su amor. Escorts Baleares En nuestro ejemplo, teníamos un capital en mercancías M' de 10,000 libras de hilo con un valor de 500 libras esterlinas; de ellas, 422 libras esterlinas son el valor del capital productivo y prosiguen, como forma en dinero de 8,440 libras de hilo, la circulación de capital iniciada por M', mientras que la plusvalía de 78 libras esterlinas, forma–dinero de 1,560 libras de hilo, remanente del producto de mercancías, sale de esta órbita de circulación y recorre una ruta aparte dentro de la circulación general de mercancías. accompagnatrice Espagne en cambio, si se produce antes de la realización de M' – D, la baja del precio del algodón, siempre y cuando que las demás circunstancias permanezcan invariables, determinará una baja proporcional del precio de los hilados y, a la inversa, un alza de aquél, el alza correspondiente de éste. La acción ejercida sobre los distintos capitales individuales invertidos en la misma rama de producción puede ser muy distinta, según las distintas circunstancias en que operen. La disponibilidad o la vinculación del capital–dinero pueden responder, asimismo, a las diferencias de duración del proceso de circulación y también, por tanto, al ritmo circulatorio. Esto lo veremos, sin embargo, cuando estudiemos lo referente a la rotación. Lo único que aquí nos interesa es la distinción real que se manifiesta, con respecto al cambio de valor de los elementos del capital productivo, entre D... D' y las otras dos formas del proceso cíclico. putas El carácter capitalista del sistema fisiocrático suscitó ya durante su período de esplendor la oposición de hombres como Linguet y Mably, por una parte, y, por otra, de los defensores de la pequeña propiedad libre del suelo. prostituta española Desde un punto de vista social, es cierto que los elementos del capital–mercancías consisten en productos que sólo pueden servir como medios de trabajo y que acaban funcionando siempre –si no se producen estérilmente, sí no son invendibles– como medios de trabajo; es decir, a base de la producción capitalista, cuando dejen de ser mercancías, tienen que convertirse tarde o temprano, de elementos potenciales en elementos reales de la parte fija del capital productivo social. Barcelona relaxSacar a alguien de sus casillas.Como forma constantemente implícita en todos los ciclos, el capital–dinero recorre este ciclo precisamente respecto a la parte del capital que engendra la plusvalía, respecto al capital variable. La forma normal de adelantar los salarios es el pago en dinero; y este pago tiene que renovarse constantemente a corto plazo, porque el obrero vive al día. Por eso el capitalista tiene que enfrentarse constantemente con el obrero como capitalista de dinero y su capital como capital–dinero. Aquí no cabe, como en la compra de los medios de producción y en la venta de las mercancías productivas, una compensación directa o indirecta (en la que la gran masa del capital–dinero sólo figura, de hecho, bajo forma de mercancías y el dinero bajo forma de dinero aritmético, desembolsándose en metálico solamente la cantidad necesaria para compensar los saldos). Por otro lado, una parte de la plusvalía procedente del capital variable es desembolsada por el capitalista para su consumo privado en el comercio al por menor, en cuyos recovecos se desembolsa siempre en metálico, bajo la forma–dinero de la plusvalía. La cuantía, grande o pequeña, de esta parte de la plusvalía no hace cambiar para nada la cosa. El capital variable reaparece constantemente como capital–dinero invertido en salarios (D–T) y como plusvalía que se desembolsa para atender a las necesidades privadas del capitalista. Por consiguiente, tanto D, en cuanto valor del capital variable desembolsado como d, en cuanto su incremento, se ven necesariamente retenidos ambos en forma de dinero para ser invertidos bajo la misma forma. scort en barcelona A. Smith considera los medios de vida de los obreros como capital circulante por oposición al capital fijo: escort Madrid ¿Y Rodbertus? Después de leer todo esto, ve en ello –economista de tendencia, como siempre– un "asalto a la sociedad", le parece que él ha dicho de un modo mucho más breve y más claro de dónde nace la plusvalía y encuentra, finalmente, que todo esto se amolda, indudablemente, a "la actual forma de capital", es decir, al capital tal como existe históricamente, pero no al "concepto del capital", es decir, a la idea utópica que del capital se ha formado el señor Rodbertus. Exactamente lo mismo que sucedía al vejo Priestley, que hasta su muerte ponía la mano en el fuego por el flogismo, sin querer saber absolutamente nada del oxígeno. Con la diferencia de que Priestley fue realmente el primero que tropezó con el oxígeno, mientras que Rodbertus, con su plusvalía, o mejor dicho con su "renta", no hizo más que volver a descubrir un lugar común, y de que Marx, al contrario que los predecesores de Lavoisier, jamás afirmó haber sido el primero en descubrir el hecho de la existencia de la plusvalía. www.girlsbcn.com Tan pronto como la clase obrera, aturdida por el estrépito de la producción, volvió un poco en sí, comenzó el movimiento de resistencia, partiendo de Inglaterra, país natal de la gran industria. Sin embargo, durante 30 años, las concesiones arrancadas por los trabajadores fueron puramente nominales. Desde 1802 hasta 1833, el parlamento dio cinco leyes reglamentando el trabajo, pero fue lo suficientemente astuto para no votar ni un solo céntimo destinado a su ejecución, a dotaciones del personal burocrático necesario, etc.101 Y las leyes se quedaron en letra muerta. "El hecho es que, antes de la ley de 1833, se podía explotar toda la noche, todo el día, o ambos ad libitum (65) a los niños y a los jóvenes.102 videos de chicas Por tanto, si, de una parte, el empleo capitalista de la maquinaria crea nuevos motivos poderosos que determinan la prolongación desmedida de la jornada de trabajo, a la par que revoluciona los mismos métodos de trabajo y el carácter del organismo social de trabajo en términos que rompen la resistencia que a esta tendencia se opone, de otra parte, poniendo a disposición del capital sectores de la clase obrera que antes le eran inaccesibles y dejando en la calle a los obreros desplazados por la máquina, produce una población obrera sobrante,69 que no tiene más remedio que someterse a la ley impuesta por el capital. Así se explica ese singular fenómeno que nos revela la historia de la industria moderna, consistente en que la máquina eche por tierra todas las barreras morales y naturales de la jornada de trabajo. Y así se explica también la paradoja económica de que el recurso más formidable que se conoce para acortar la jornada de trabajo se trueque en el medio más infalible para convertir toda la vida del obrero y de su familia en tiempo de trabajo disponible para la explotación del capital. "Si las herramientas –soñaba Aristóteles, el más grande de los pensadores de la Antigüedad–, obedeciendo a nuestras órdenes o leyendo en nuestros deseos, pudiesen ejecutar los trabajos que les están encomendados, como los artefactos de Dédalo, que se movían por sí solos, o los trípodes de Hefestos, que marchaban por su propio impulso al trabajo sagrado; si las canillas de los tejedores tejiesen ellas solas, como esos mecanismos, el maestro no necesitaría auxiliares ni el señor esclavos."70 Y Antipatros, un poeta griego de la época de Cicerón, saludaba el invento del molino de agua para triturar el trigo, forma elemental de la maquinaria de producción, como al libertador de las esclavas y creador de la edad de oro.71 "¡Los paganos, ah, los paganos!" Ellos, como ha descubierto el ingenioso Bastiat y ya había entrevisto antes que él, con su listeza todavía mayor, MacCulloch, no sabían una palabra de economía política ni de cristianismo. No sabían, entre otras cosas, que la máquina era el recurso más infalible para prolongar la jornada de trabajo. Ellos disculpaban acaso la esclavitud de unos como medio para facilitar el pleno desarrollo humano de otros, pero carecían todavía de ese órgano específicamente cristiano que permite predicar la esclavitud de las masas para que unos cuantos arribistas zafios o semicultos se conviertan en "eminent spinners", "extensive sausage makers" o "influential shoc black dealers".(84) girlsmadrid Nada más característico en este respecto que el nombre de "full timers" que se da a los obreros que trabajan todo el tiempo, reservando el de "half timers" para los niños menores de 13 años, a los que la ley sólo autoriza para trabajar durante 6 horas.30 Aquí, el obrero no es más que tiempo de trabajo personificado. Todas las diferencias, todos los matices individuales se borran en la diferencia capital de "obreros de tiempo completo" y "obreros de medio tiempo" Modelcristina Los "talleres Cyk1ops de Hierro y Acero", de los señores Cammel et Co. trabajan sobre la misma gran escala que los de los mencionados John Brown et Co. El director gerente habla entregado al comisario del gobierno White su declaración testifical por escrito, pero luego juzgó conveniente hacer desaparecer el texto de la declaración, que le había sido devuelto para revisarlo. No importa, Mr. White tiene buena memoria y recuerda perfectamente que, para los señores Cíclopes, la prohibición del trabajo nocturno de los niños y los jóvenes es "algo imposible: equivaldría a paralizar su fábrica". Y no obstante, la fábrica de estos señores sólo cuenta poco más de un 6 por ciento de jóvenes menores de 18 años y un 1 por ciento nada más de muchachos menores de 13.69La burguesía había conquistado el poder político en Francia y en Inglaterra. A partir de este momento, la lucha de clases comienza a revestir, práctica y teóricamente, formas cada vez más acusadas y más amenazadoras. Había sonado la campana funeral de la ciencia económica burguesa. Ya no se trataba de si tal o cual teorema era o no verdadero, sino de si resultaba beneficioso o perjudicial, cómodo o molesto, de si infringía o no las ordenanzas de policía. Los investigadores desinteresados fueron sustituidos por espadachines a sueldo y los estudios científicos imparciales dejaron el puesto a la conciencia turbia y a las perversas intenciones de la apologética. Y, sin embargo, hasta aquellos folletitos insinuantes que lanzaba a voleo la Liga anticerealista, acaudillada por los fabricantes Cobden y Bright, ofrecían, ya que no un interés científico, por lo menos cierto interés histórico, por su polémica contra la aristocracia terrateniente. Pero la legislación librecambista, desde sir Roberto Peel, cortó a la economía vulgar este último espolón. relax bilbao "Como la cantidad producida depende principalmente de la velocidad de las máquinas, el fabricante tiene que estar forzosamente interesado en que éstas marchen a toda la velocidad que sea compatible con las condiciones siguientes: preservar la maquinaria de un desgaste demasiado rápido, conservar la calidad de los artículos fabricados y permitir al obrero seguir los movimientos de la máquina sin un esfuerzo mayor que el que pueda desplegar de un modo continuo. Ocurre con frecuencia que el fabricante, en su prisa, acelera demasiado la marcha de las máquinas. Las roturas y la mala calidad del género frenan la velocidad excesiva, y el fabricante se ve obligado a moderar la marcha. Como un fabricante activo e ingenioso encuentra siempre el máximo asequible, yo he deducido que en 11 horas, es imposible producir tanto como en 12. Además, entiendo que el obrero pagado a destajo se mata trabajando para poder mantener continuamente el mismo grado de esfuerzo."80 Por todo esto, Horner llega a la conclusión de que, a pesar de los experimentos de Gardner, etc., el seguir reduciendo la jornada de trabajo a menos de 12 horas, tenía que disminuir necesariamente la cantidad del producto.81 El mismo habría de citar diez años más tarde su objeción de 1845, como testimonio de lo mal que comprendía aún, en aquel tiempo, la elasticidad de las máquinas y de la fuerza humana de trabajo, puestas ambas en tensión hasta el máximum por la reducción forzosa de la jornada de trabajo. saunas españa Hasta aquí, partíamos del supuesto de que el aumento o la disminución del capital variable correspondía exactamente al aumento o a la disminución del número de obreros ocupados. http://www.bcnbox.com El trabajo transfiere al producto el valor de los medios de producción consumidos por él. Además, el valor y la masa de los medios de producción puestos en movimiento por una cantidad dada de trabajo crecen a medida que éste se hace más productivo. Así, pues, aunque la misma cantidad de trabajo transfiere siempre a sus productos la misma suma de nuevo valor, el antiguo capital transferido también a aquéllos por el trabajo crece al crecer la productividad de éste. barcelona imprentas Del mismo modo que las mercancías que el capitalista compra con una parte de la plusvalía para atender a su propio consumo no le sirven de medios de producción ni de fuente de valor, el trabajo comprado por él para satisfacer sus necesidades naturales y sociales no tiene tampoco el carácter de trabajo productivo. Con la compra de esas mercancías y de ese trabajo, lejos de transformar la plusvalía en capital, lo que hace es consumirla o gastarla como renta. Frente a la vieja concepción aristocrática, que, como Hegel dice acertadamente, “consiste en consumir lo que existe”, expandiéndose también en el lujo de los servicios personales, la economía burguesa consideraba como su postulado primordial proclamar como primer deber de ciudadanía y predicar incansablemente la acumulación del capital: para acumular, lo primero que hace falta es no comerse todas las rentas, sino apartar una buena parte de ellas para invertirla en el reclutamiento de nuevos obreros productivos, que rinden más de lo que cuestan. Además, la economía burguesa véase obligada a luchar contra el prejuicio vulgar que confunde la producción capitalista con el atesoramiento11 y entendía, por tanto, que la riqueza acumulada es riqueza sustraída a la destrucción bajo su forma natural, y por consiguiente al consumo e incluso a la circulación. El atesoramiento del dinero para retirarlo de la circulación seria lo contrario precisamente de su explotación como capital, y la acumulación de mercancías para atesorarlas una pura necedad.12 La acumulación de mercancías en grandes cantidades es el resultado de un estancamiento de la circulación o de la superproducción.13 Cierto es que en la mente del pueblo circula, de una parte, la idea de los bienes acumulados en el fondo de consumo de los ricos y que van devorándose lentamente, y, de otra parte, la idea del almacenamiento, fenómeno propio de todos los sistemas de producción y en el que nos detendremos un momento cuando estudiemos el proceso de la circulación. bares de copas en alicante Con la deuda pública, surgió un sistema internacional de crédito, detrás del cual se esconde con frecuencia, en tal o cual pueblo, una de las fuentes de la acumulación originaria. Así, por ejemplo, las infamias del sistema de rapiña seguido en Venecia constituyen una de esas bases ocultas de la riqueza capitalista de Holanda, a quien la Venecia decadente prestaba grandes sumas de dinero. Otro tanto acontece entre Holanda e Inglaterra. Ya a comienzos del siglo XVIII, las manufacturas holandesas se habían quedado muy atrás y este país había perdido la supremacía comercial e industrial. Desde 1701 hasta 1776, uno de sus negocios principales consiste en prestar capitales gigantescos, sobre todo a su poderoso competidor: a Inglaterra. Es lo mismo que hoy ocurre entre Inglaterra y los Estados Unidos. Muchos de los capitales que hoy comparecen en Norteamérica sin cédula de origen son sangre infantil recién capitalizada en Inglaterra. guia ocio barcelona A primera vista, parece como si las mercancías fuesen objetos evidentes y triviales. Pero, analizándolas, vemos, que son objetos muy intrincados, llenos de sutilezas metafísicas y de resabios teológicos. Considerada como valor de uso, la mercancía no encierra nada de misterioso, dando lo mismo que la contemplemos desde el punto de vista de un objeto apto para satisfacer necesidades del hombre o que enfoquemos esta propiedad suya como producto del trabajo humano. Es evidente que la actividad del hombre hace cambiar a las materias naturales de forma, para servirse de ellas. La forma de la madera, por ejemplo, cambia al convertirla en una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo madera, sigue siendo un objeto físico vulgar y corriente. Pero en cuanto empieza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte en un objeto físicamente metafísico. No sólo se incorpora sobre sus patas encima del suelo, sino que se pone de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos mucho más peregrinos y extraños que si de pronto la mesa rompiese a bailar por su propio impulso.28 wmailbox.com 169 La ley de las 10 horas "ha salvado a los obreros –en las industrias a ella sometidas– de su total degeneración y ha garantizado su salud física" (Reports etc. 31 st Oct. 1859, p. 47). "El capital (en las fábricas) no puede jamás mantener en movimiento la maquinaria, a partir de un cierto límite sin quebrantar la salud y la moral de los obreros, y éstos no están en condiciones de defenderse por sí mismos" (L. cit., p. 8), |
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