Concibo miserable mi vida
esperando migajas de ti,
frotando mis manos y
viendo tu retrato.
Por montones, mis emociones
atadas descansan sobre mi,
mi corazón explota, resignado
ante un destino escrito.
Gracias por la quimera,
por la noche mágica,
por no esconder tu retrato,
por aumentar mi fuego.
Al final, como siempre,
terminaste elegante,
glamorosa estaca sobre mi
quejumbroso corazón inconforme.
Clavaste, la única esperanza que tu sembraste.
Gracias, ahora dormiré en paz.
