Abrazar es una experiencia inolvidable. Hace algunos años, unos amigos y yo tomamos un bus rumbo a Miraflores, con una sola consigna, abrazar a todo el mundo. La idea partió de Mónica, una ex enamorada que tuve en mi época de bohemia extrema. La idea del evento era grabar los abrazos con gente extraña y experimentar la reacción de las personas al recibir un abrazo de alguien completamente ajeno a ellos.
Mónica y yo no nos veíamos desde hacia buen tiempo y no se nos ocurrió mejor idea que reencontrarnos comprometidos con una locura como ésta. Juan Man, un extranjero de un país lejano, le enseñó a Mónica que un abrazo puede cambiarle el día a cualquiera, y que sería bueno hacerlo siempre, sin temor a los comentarios y como una terapia para contrarrestar los males del día a día. Mónica, al ver mi parecido físico con este personaje: un hombre de cabello largo, delgado y con anteojos, me propuso la idea de realizar la locura de Abrazos Gratis en Lima, o, para ser más exactos, en Miraflores.
Mónica se preocupó por hacer los carteles donde dijera: Abrazos Gratis para los que entendían castellano y Free Hugs para los que entendían inglés. Yo preparé la cámara de video y las cintas donde grabaríamos todos los acontecimientos. Mónica llamaría a todos sus amigos del teatro y yo a mis amigos del colegio. Mónica, después de la grabación, se encargaría de editar el video y yo me haría responsable de colgar el video final en Internet. Mónica tomaría las fotos que quedarían como evidencias de nuestra locura detrás de cámaras y yo me esforzaría por posar bien para todo momento inmortalizado por esa lente digital. En definitiva, Mónica y yo fuimos los organizadores del evento Free Hugs en el Perú, aunque claro, hubieron otros equipos que hicieron el mismo trabajo pero en diferentes zonas de Lima.
Abrazar a una persona que no conoces es una experiencia grata y acogedora. Había personas que nos decían la necesidad que tenían de un abrazo y que nosotros caíamos en el momento perfecto. Al comienzo era extraña la sensación de pararte en medio de un parque e intentar abrazar a personas que pasaban raudos por aquel lugar sin importarle lo que uno está haciendo. Pero el fin era generoso, el fin era darles una sonrisa inesperada a esas personas ajenas, a esas personas sin rostros para nuestro día cotidiano, pero con vidas tan sufridas como la nuestra. Parar un minuto y mirar a nuestro alrededor y encontrar la paz en los brazos de otro ser humano, son las cosas que le dan un sentido distinto y una alegría extrema a nuestro corazón.
La vergüenza y el pudor se hacen de lado cuando tienes la necesidad de darle un sentido a tu vida y entregar parte de lo que tienes a este mundo que, si bien no hace más que dejar que vivas en él, pide tácitamente un poco de ese amor que sólo tú puedes dar.
Para Mónica y mis amigos entrañables. ¡Que vivan los abrazos! Anímate a dar uno, hoy, mañana y siempre. |