Mi Primera Novela

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Feliz cumpleaños, Mamá - Rodolfo Rodas Oré

Para el cumpleaños de mi madre, este año, todo fue distinto. Mi hermana mayor y mi madre viajaron a Ica, lugar donde la mujer que me dio la vida nació hace exactamente cincuenta años. Salieron un día antes del día festivo central para hacerse de todos los arreglos correspondientes para el gran día. Soledad, mi madre, y Doris, mi hermana, hoy por hoy se llevan mucho mejor que la última vez que pasamos algún cumpleaños familiar juntos. Desde que Doris se fue de la casa, mi madre siempre ha tenido comentarios desagradables y, a su vez comprensibles, para con ella. Su partida es una herida que mi madre esta aprendiendo a curar, sola.
Yo, los días previos al cumpleaños de mamá, tenía muchas cosas por hacer en el trabajo, y es por ese motivo que mi padre y yo pensamos viajar el mismo día del cumpleaños de mamá, por la tarde, para llegar sin preámbulos a la fiesta.
Sofía, que se ha convertido en más que una novia para mí, sino también, en una amiga íntima de mi madre, también quería estar presente en tan memorable celebración: los cincuenta años de Soledad Echevarria.
Sofía, el mismo día del cumpleaños, tenía mucho trabajo recargado, al igual que yo, pero con la diferencia de que ella no podía apoyarse en ningún compañero de trabajo, ningún amigo amable que hiciera las veces de salvador, de héroe, y asumiera el trabajo de Sofía para que ella pudiera salir temprano y pudiéramos viajar, junto a mi padre, rumbo a Ica.
Mi padre, que no espera ni a su sombra, se fue en el bus de las cuatro de la tarde. Yo no me sorprendí, todo lo contrario, estaba seguro que se iría antes y nos dejaría, a Sofía y a mí, solos en este viaje corto de cuatro horas. Bajé al primer piso para despedirlo y prometerle que llegaría temprano, justo para la fiesta, junto a Sofía. Mi padre me recalcó que tenía previsto una serie de sorpresas para mi madre y que sería ideal que yo estuviese ahí en esos momentos. En realidad me dijo que había contratado sólo una hora de video y que esperaba que siquiera saliera los últimos quince minutos. Yo le di mi palabra de hacer lo posible. Sólo faltaba que Sofía hiciera su aparición y salíamos raudos rumbo a la agencia de viajes.
El día estaba claro, caluroso como cualquier día de febrero. Las horas pasaban con cierta lentitud, ya que el día sería largo. Después de mucho tiempo volvía a Ica, la ciudad donde nació mi madre y donde vive mi abuela, una mujer de casi ochenta años que se alegra mucho cuando tiene a su familia reunida.
Subí nuevamente al departamento, ahora vacío y algo triste. Prendí la televisión para distraer al tiempo y hacerlo más llevadero. Estaban dando un partido de fútbol peruano, la U contra Sport Ancash. Mi equipo estaba ganando y con este resultado permanecíamos en la punta del campeonato. De repente, mientras vivo con júbilo el triunfo de la U, escucho el sonido de mi celular anunciando una llamada. Era Sofía.
-Amor estoy saliendo de mi trabajo más temprano. Mi jefa se compadeció de mí y me dejó huir –dijo Sofía, con voz tenue, como si estuviera hablando cerca de su jefa.   
-OK, te espero en mi casa entonces. No te demores –dije.
El morbo subió a mi cabeza y esperaba con ansias la llegada de Sofía. Por momentos recordaba las recomendaciones de papá, de llegar temprano a la fiesta, de tomar el bus lo más puntual posible, de no perder el tiempo y tratar de apurar a Sofía, que casi siempre se toma su tiempo para todo. Pero una sensación excitante motivaba mi mente a planear un encuentro furtivo antes de viajar. Aprovechar la casa abandonada y hacer las locuras que cualquier adolescente primarioso quisiera hacer en ausencia de los padres. Bien dice el dicho: a falta de gatos, los ratones hacen la fiesta. Sofía y yo éramos unos ratones ávidos de queso fresco, de travesuras nuevas, de locuras que hicieran que nuestra relación reviviera de las cenizas en las que se estaba sumiendo. 
Sofía llegó minutos después, agitada y abrumada por el calor de la tarde. Traía puesto su traje de trabajo y una mochila guerrera donde llevaba todo lo necesario para el viaje. Me encanta el orden de Sofía, que todo lo puede meter en un bolso del tamaño de una bolsa de pan. La beso apasionadamente, con la clara intención de hacer el amor en plena sala. Ella, como toda mujer capaz de ser prudente en esos momentos donde la sangre recorre las venas a mil por hora, trata de parar mis intenciones y alegar que estamos con el tiempo contado para nuestro tan esperado viaje. Aquí hay un ratón que tiene mentalidad o complejo de gato, pienso.
Salimos de mi casa rumbo a la agencia. El taxista, un hombre joven de rostro adusto, nos llevó por sólo cinco soles, lo cual yo agradecí. Compramos los boletos y subimos raudos al bus que nos llevaría a celebrar los cincuenta años de mi madre. Nos sentamos en la primera mitad del bus, al lado derecho del conductor. El ambiente estaba cargado por la cantidad de gente que estaba hacinada esperando llegar a su destino. Los vendedores y los acomodadores paseaban por el pasadizo angosto del bus y los tropiezos eran causa de malos entendidos y discusiones entre los pasajeros. Sofía y yo, educadamente, evitábamos cualquier altercado. Sólo queríamos estar abrazados, esperando que el bus comience su recorrido. Una vez que el bus emprendió la marcha, todos, como arte de magia, sofocaron el desorden y el caos y un silencio reparador se apoderó del bus. Sofía y yo escuchábamos música, yo leía un libro, ella dormía un poco, yo acomodaba las maletas, ella miraba por la ventana, yo miraba la televisión del bus, ella leía mi libro, yo miraba a la ventana, ella se acostaba en mi hombro, yo dormía un poco, ella miraba la televisión. Teníamos un espacio reducido entre nosotros dos. Ella al lado mío, yo al lado suyo. Sentíamos el calor que brotaba de nuestros poros, de nuestro agitado día buscando hacer que este viaje se cumpla y se haga realidad. Sabíamos que mi madre y toda mi familia nos esperaba con muchas ansias. Nosotros no queríamos defraudarlos, a pesar de nuestros problemas, a pesar de saber que cada vez pasábamos a ser más gatos que ratones, a pesar de saber que lo nuestro pendía de un hilo, Sofía y yo disfrutamos ese momento, viajando, como si ese espacio fuera a ser nuestro toda la vida.   
Amas realmente a una mujer cuando puedes contemplarla dormir. A mi, me encanta ver cómo Sofía duerme y la amo más por eso. Producto del cansancio, Sofía deja que su cuerpo sea poseído por una fuerza suprema, por un velo oscuro que nubla sus ojos y los llena de espacios vacíos, de sueños, de figuras que resplandecen en su rostro afable, delicado y cálido. Encogida, con los brazos haciendo las veces de almohada y sus piernas recogidas sobre las mías. Yo la acaricio con mi naturaleza torpe, pero con toda la delicadeza que me puede inspirar ver un ángel entre mis brazos, en medio de una carretera desconocida, a la mitad de un viaje fantástico, tal vez el último viaje juntos, quizás la última vez que la tenga entre mis brazos.
Serán cuatro horas lejos de todo, ni aquí ni allá, ni en la ciudad ni en el campo, ni en el cielo ni en el infierno, sino, en el limbo, en algún lugar entre dos puntos, en un paréntesis donde podemos contemplar lo que no podemos ver más allá del punto. El silencio de la gente hacinada que duerme esperando llegar a su destino, me recuerda que nuestra meta no es el viaje, sino, llegar al lugar donde todo pasará con la rapidez con que el tiempo castiga a las ciudades. Yo no quiero llegar, quiero seguir contemplando a la mujer que amo y que seguramente ya no amaré más. Jamás olvidaré este viaje sin destino, sin futuro, pero con final.
 
El cumpleaños de mi madre fue muy emotivo y alegre. Mi papá llevó a unos cantantes de música ranchera, los populares Mariachis, e hicimos la fiesta más divertida que podamos haber imaginado. Mi madre estaba muy contenta, Sofía también. Yo era dichoso viendo a las mujeres más bellas del mundo disfrutando de un momento tan feliz. Las amo a las dos. Gracias mamá, gracias Sofía.    

Publicado: 03:18, 3/04/2008
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saludos pa tu viejita!!!

Escrito por Anonymous a las 03:22, 4/04/2008

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te falta descubrir las juergas de las chicas de seul 88 y a los que actuaban en el talk show del cabezon lertora!..esta bueno el intento cachorro,,pero ese estilo baylystico minimiza tu capacidad literaria.
(aun asi te felicito por la iniciativa!)

Escrito por Anonymous a las 03:32, 4/04/2008

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Rodolfo, Bienvenido al mundo del Blog. Te he agregado a mis enlaces para que no se me olvide hacerte una visita de cuando en cuando.
Éxitos =)

Cuarto Azul

http://cuartoazul.motime.com

Escrito por Anonymous a las 12:15, 7/04/2008

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Feliz Kumple a tu mamita...

Esta muy bueno el relato y espero que la hayan pasado muy bien... Sigue asi que lo estas haciendo muy bien!!!

Escrito por Apple a las 01:26, 16/04/2008

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