Mi Primera Novela

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Una Noche en el Fin del Mundo - Rodolfo Rodas Oré

Sofía y yo nos preparamos para ir al cumpleaños de Sue, una amiga de Sofía con quien estudia leyes en la universidad. Tenía el tanque de gasolina lleno y estaba seguro de no necesitar más combustible, pero Sofía decía que la casa de Sue estaba muy lejos y que posiblemente necesitaríamos cargar el tanque de gasolina durante el camino. No tomé en cuenta las recomendaciones de Sofía y consideré, como siempre, que la razón estaba conmigo y que llegaríamos sin problemas a la casa de Sue.
Hoy, como pocas mañanas, he salido a correr para recuperar el físico que alguna vez tuve. Me he trazado una rutina estricta de ejercicios y caminatas para poder formar parte, algún día, de la selección de atletismo de la facultad de leyes. Nunca fui un deportista destacado, pero Sofía cree conveniente que haga ejercicios y fortalezca mi cuerpo flácido. Generalmente, por amor, asiento a todo lo que Sofía, siempre tierna, me sugiere y aconseja. Por ella empecé a salir a correr en las mañanas y por ella intentaré formar parte de la selección de atletismo. Quiero escucharla gritar mi nombre en alguna competencia. Que me consuele en las derrotas (algo que ocurrirá con frecuencia) y que me haga el amor en las victorias.
Salimos de casa de Sofía rumbo a la de Sue. Sofía estaba linda como siempre, tenía puesto un polo ceñido color rosa, unos jeans apretados que le quedaban muy bien y una cabellera llena de rizos alborotados y rebeldes que me encantan. La miro y una sonrisa se dibuja en su rostro fino y dulce. Manejé con prolijidad y muy tranquilo, sin que nada nos apurara. La noche estaba casi sobre nosotros y pensé que sería bueno comer algo antes de seguir con el viaje.
-         Vamos a comer algo primero, antes de llegar a la casa de Sue –dije.
-         No tengo hambre –dijo Sofía- acabo de comer con papá y estoy satisfecha.
-         De acuerdo –dije con cara de hambre.
No te importa que tenga hambre –pensé.
Deberíamos comer algo y no esperar que Sue haya preparado algo suculento para los visitantes en el día de su onomástico.
Entré a la avenida Universitaria, en el cruce con Bolívar. El semáforo me indicaba que debía seguir y Sofía abría su cartera en busca que un cepillo y un espejo diminuto que sólo puede entrar en esa cartera tan pequeña. La miré de reojo y me encanta su belleza, su fascinación por lo estético, por lo elegante, por no dejar nada fuera de la perfección que una mujer siempre quiere mostrar. Sofía es hermosa y sabe como acentuar su belleza con esos químicos que, a mi parecer, no necesita.
La avenida Universitaria es muy larga y habíamos entrado en una zona peligrosa. Sofía no se inmutaba, sólo se peinaba. Las personas que veía por ese lugar estaban paradas en las esquinas, con unas ropas anchas y bermudas llenas de bolsillos, zapatillas blancas con pasadores desamarrados, gorras con el ala hacia atrás y las manos siempre en los bolsillos, como ocultando lo que llevan entre sus dedos.
- Ojala que ningún semáforo nos pare –dije.
- No creo, tú tranquilo –dijo Sofía y pasó su mano izquierda sobre mi nuca.
Las casas por aquí son una reliquia histórica de material noble resquebrajado por el paso del tiempo. Las paredes figuran pintadas con iniciales de las pandillas de la zona, graffities coloridos y papeles que anuncian la presentación de algún grupo chicha famoso.
Sofía llamó mi atención.
-         ¿Cómo me veo?
-         Hermosa, como siempre –dije.
-         ¿De verdad te gusto mucho? –preguntó.
-         Si, mucho –respondí. Un semáforo me obligó a detenerme.
-         ¿No me quisieras llevar a otro lado? –dijo ella.
Mirándola a los ojos, sospeché su animo coqueto y travieso. Su mirada delata una complicidad y demanda una respuesta insinuante.
-         Te llevaría a un lugar donde podría contemplarte al natural, robarte todo el disfraz que tienes encima y descubrir tu belleza interna, la que más me gusta, y hacerte el amor con locura –dije pasando mi mano por su pierna izquierda.
-         Ummm! Que rico! –dijo ella coqueta.
Nos dimos un beso fugaz porque el semáforo volvió a verde y debía continuar la marcha.
El camino parecía interminable. Sofía me decía que continuara por la avenida principal, que ella me indicaría cuando debía entrar en alguna calle alterna.
La avenida Universitaria es larguísima –pensé y encendí la radio para cantar un poco.
A Sofía le gusta mucho cantar y tiene una linda voz que me arrulla y me pierde en lo más aparatado de este mundo, un lugar donde sólo me puede llevar su voz y las caricias de sus manos.
-         Entra por aquí amor –dijo Sofía.
-         Oka! –dije y me apresuré en poner la direccional derecha y en girar el timón antes de pasarme del lugar indicado.
Bajo la velocidad y escucho las indicaciones de Sofía. Fácilmente llegamos al destino sin necesitar recargar el tanque de gasolina (una vez más, tenía razón). Sofía baja del coche y se dirige a una puerta de fierro que sólo es alumbrada por una luz tenue y amarilla. La calle es desolada, como si sólo existiera la casa de Sue. No se escucha ningún ruido de niños, ni de mascotas chúcaras.
-         Tengo miedo de dejar el coche aquí –digo.
-         No te preocupes. Mira, ahí hay un seguridad que estará mirando el coche –dice ella.
Giré la cabeza en busca del hombre que me garantizará la seguridad de mi coche, viejo, pero mío. Era un tipo jorobado, muy abrigado, con botas y una chalina que cubría su rostro. El hombre tocó un silbato como avisando a los maleantes que un coche viejo estaba listo para ser desmantelado.
No sé como pude llegar a un lugar que no figura en los mapas de la ciudad, un lugar inhóspito, desolado, lejano, muy, muy lejano, a las afueras de Lima. Entramos a la casa. Tenía buen diseño y lindos acabados. La familia de Sue parecía tener buen gusto por la decoración más no por la ubicación.
-         Sue debería mudarse –digo.
-         Si, debería –dice Sofía.
Unos amigos de Sofía nos dan la bienvenida. Me alegra que Sofía tenga tantos amigos. Nos sentamos juntos en el sofá grande. Era la primera vez que yo iba a una reunión con los amigos de Sofía y todos ellos me preguntaban cosas de nuestra relación: ¿Cómo empezó todo?, ¿qué me gustó de ella?, ¿qué pensé la primera vez que la vi?, ¿cómo le dije para que sea mi pareja?; en fin, todas esas preguntas incomodas que sólo a la gente morbosa le gusta saber.
Las cervezas fueron llegando. El papá de Sue se preocupó de que no faltara la bebida. Sue, como buena anfitriona, dio el play de honor. La noche avanzaba, la música se hizo presente y el baile también. No me sentí muy cómodo porque todas las conversaciones de la noche fueron de temas ajenos a mi. Después de una apoteósica bienvenida terminé relegado, sentado en el sillón grande, mientras Sofía y sus amigos cuchichiaban de los últimos chismes del grupo. Los famosos ‘te acuerdas que...’ no se hicieron esperar y la noche parecía interminable.
Sofía me sacó a bailar un par de veces. Yo encantado de bailar con ella porque me gusta como lo hace conmigo. El alcohol se apoderó de nuestras mentes y ya no éramos totalmente concientes de lo que hacíamos. Selene, la mayor del grupo, me quito de las manos de Sofía para bailar conmigo. Sofía no puso resistencia. Por un momento me sentí bien porque me volvieron a tomar en cuenta después de haberme marginado durante toda la conversación. Selene bailaba con destreza, muy sensual y rítmica. Sue, sin quedarse atrás, se acercó y comenzó a moverse con nosotros. Mis ojos buscaban a Sofía mientras ella se divertía bailando con un muchacho de lentes, de estatura media y hombros anchos. No podía creerlo: ¿por qué me había abandonado a mi suerte?, ¿por qué bailaba con ese tipo?. No lo entendía. Sue seguía moviéndose con más intensidad. Traté de no perder el control, de mantener la calma y no dejar que la situación se agravase. De repente, mientras el baile continuaba y la música no dejaba de taladrar mis oídos, sentí las caricias de unas manos extrañas. Sue recorría mi espalda de arriba abajo. Me di la vuelta, dando la espalda a Selene y tratando de evitar esos toqueteos que me ponían nervioso. Sue me miraba a la los ojos, sin dejar de tocarme. Miré a mi alrededor y Sofía no estaba. No dejé de bailar, pero fue grave error. Me sentí burlado y victima de mujeres que por primera vez veía. No lo podía creer. ¿Dónde estaba Sofía, la mujer con la que había llegado a la fiesta?, ¿dónde estaba la mujer que me había traído al fin del mundo por el cumpleaños de su amiga?. Esa mujer, que tan linda había empezado la noche, estaba bailando con ese impresentable muchacho de hombros anchos, sin importarle que yo, su pareja, fuera victima de una falta de respeto.
Luego de unas horas decidí que era hora de irnos. Sofía ahora estaba a mi lado, sentada y algo distraída producto del alcohol.
-         Vámonos Sofía –dije.
-         Pero es muy tarde y es peligroso a esta hora –dijo ella.
-         No me importa, igual con o sin ti, yo me voy –dije algo disgustado.
-         Oka! Vamos entonces –dijo ella.
Salimos de la casa despidiéndonos sólo de Laura, la única persona que me había tratado con cariño durante la noche.
-         Cuídate Laura. Un gusto bailar contigo –le dije.
-         Chao Sergio, chao Sofía. Nos vemos –dijo Laura con una sonrisa.
Subimos al coche, que felizmente estaba intacto. Sofía se puso el cinturón de seguridad y tiró su cartera en el asiento posterior. Yo encendí el motor y lo puse en marcha.
-         Es increíble lo que me haz hecho pasar hoy, Sofía –dije alterado. Jamás pensé que me hicieras pasar una noche tan desagradable como ésta y menos con tus amigos. Estoy sumamente decepcionado de ti –continué diciendo.
De un momento a otro, giré la mirada sin dejar de hablar y vi a Sofía, linda como siempre, recostada sobre la ventana del coche. Estaba durmiendo. Miré el reloj y eran las cuatro de la mañana. Prendí la radio y una voz familiar daba las noticias de la madrugada. Todo era tranquilo, silencioso. Me dieron ganas de dormir. Me estacioné en las puertas de un hotel de la avenida Universitaria. Tomé a Sofía entre mis brazos y en la puerta de la habitación, mirando sus ojos dormidos, dije: No importa Sofía, esta vez, digamos que fue el alcohol.
 

Publicado: 05:59, 2/04/2008
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Comentario Sin Título

Toy intrigada donde vive Sue....

Escrito por Anonymous a las 12:39, 3/04/2008

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Muy bien pupilo

Historia interesante ...que buena "imaginacion" tienes,sigue asi y ya no te cuento nada sobre mi.Con respecto a la narracion en prosa vas bien,apoyenlo

Escrito por Eder a las 06:09, 4/04/2008

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esperare...

a que me lo des impreso...

Escrito por Anonymous a las 02:40, 5/04/2008

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