
Mi querido suegro
Hoy es el cumpleaños de don Edmundo, el papá de Sofía. No estoy muy seguro de saludarlo, no sé si me quiere, no me quiere o le da igual. Sofía me pide que vaya y me promete que su padre me tratará con cariño. Yo acepto, una vez más, por amor a ella.
No sé que regalarle. Camino por las calles pensando que seria bueno para un hombre de casi sesenta años, que sólo ve televisión, lee el mismo diario ‘Correo’ todos los días, lleva a su fiel escarabajo al mecánico y hace la siesta religiosamente después del almuerzo. Un hombre bastante predecible, pero a la vez, bastante difícil de sorprender.
Paro en un restaurante y me decido a comprar un regalo provechoso para don Edmundo, para Sofía y para mí. Pido un pollo a la brasa, una ensalada grande y dos litros de gaseosa negra.
Camino hasta la casa de Sofía que no es muy lejos de la pollería. Voy pensando si el egoísmo en este regalo no será mal visto por este señor anticuado, de modales recios y sonrisa triste. Es demasiado tarde, pienso.
Son pocas las veces que he cruzado palabra con mi futuro suegro. Algunas ocasiones me ha visto parado cerca a su puerta, esperando a Sofía, otras me ha visto con ella, cogidos de la mano, sorprendidos por su presencia y disimulando alguna actitud cariñosa.
-¿Quieres jugar básquet? –le dice don Edmundo a Sofía cuando está de buen humor, en alusión a mi metro noventa de estatura.
Toco el timbre y espero que sea Sofía quien me abra la puerta. Me equivoqué.
-Buenas noches don Edmundo –digo.
-Hola, ¿qué tal Sergio? –dice, serio.
No sé si saludarlo por su cumpleaños o preguntar por Sofía.
-Feliz cumpleaños, señor –digo, notoriamente nervioso.
-Gracias. Pasa –dice él.
-Hola mi amor –me rescata Sofía.
-Hola –digo.
-¿Qué has traído? –me pregunta.
-Pensé que podía traer la cena.
-¡OH! Que lindo –dice Sofía.
-Nos salvaste porque mi hija cocina pésimo –dice don Edmundo.
-¡Papá! –grita Sofía. Reímos.
-Me salvaste –susurra Sofía y me guiña el ojo.
Don Edmundo y yo nos sentamos a la mesa, mientras Sofía se esconde en la cocina para desmenuzar el pollo.
-¿Qué tal el trabajo? –me pregunta don Edmundo.
-No trabajo señor –respondo.
-¿Cómo? ¿A qué te dedicas? –pregunta él.
-Soy escritor y estudio leyes.
-¿Escritor?
-Si.
-¿Qué escribes?
-Todavía nada.
-Escritor que no escribe nada. ¡Interesante!
-¡Papá! No lo molestes –grita Sofía desde la cocina.
-Deberías buscarte un trabajo serio –dice mi futuro suegro.
-Si, lo estoy buscando.
-¿Y no encuentras nada?
-Aún no.
-El Perú es una mierda, todo está hasta las patas.
-El mercado laboral es difícil –digo, intentando decir algo inteligente.
-¿Quieres trabajar en un mercado? –me pregunta don Edmundo, sorprendido.
-No, me refiero al mercado laboral.
-¿Dónde queda ese mercado? –pregunta intrigado.
-¡Papá! –grita Sofía.
-Digo que es difícil encontrar trabajo.
-Dices bien, pero no buscas bien, jovencito –me amonesta.
-Debe ser eso –asiento.
-¿Qué tal te va en la universidad?
-Regular.
-¿Cómo que regular?
-A veces bien, a veces mal.
-Pero si no trabajas, sólo estudias, deberías ser primer puesto.
-No soy tan talentoso.
-¡Papá déjalo en paz! –dice Sofía, cargando los platos y repartiéndolos sobre la mesa.
-Pero hija, no trabaja y tampoco estudia.
-Leo libros –me defiendo.
-¿Qué libros?
-Literatura.
-¡Asu! Te vas a morir de hambre.
Miro el pollo que Sofía, tan linda, ha servido sobre la mesa y digo:
-Tal vez, pero hoy no.
Es una noche divertida, espontánea y sincera con mi futuro suegro. Sofía esta feliz de verme bromear con las ocurrencias y enseñanzas de aquel hombre mayor, que pasa sus días leyendo, viendo televisión y arreglando un carro tan antiguo como sus ideas sobre la vida. Yo soy feliz estando ahí, burlando las bromas de mi suegro (o casi suegro, o futuro suegro), esquivando las indirectas y zancadillas de un viejo zorro como él, mirando a Sofía y sonriéndole, diciéndole con la mirada que todo esta bien, que no me siento incómodo, que soy feliz esta noche disfrutando de su compañía y la de su padre. Siento que es una noche especial, como muchas de las noches que me regala Sofía, sólo que esta vez, junto a mi futuro suegro.
