Lo que el fuego se llevó

27/01/2009,10:52 AM

Había decidido no escribir más artículos y darle prioridad a la novela que siempre dejo en el tintero. Pero por cosas del destino, inexplicables a veces, aunque en esta ocasión, digamos que la negligencia humana y la irresponsabilidad oceánica me permiten reencontrarme con el blog.

El día de hoy dos discotecas de la concurrida avenida la marina ardieron en llamas (ustedes recordaran mejor que yo lo que pasó con Utopía, en el Jockey Plaza). Estas discotecas eran ‘El Almacén’ y ‘Feeling’, lugares símbolos de la diversión juvenil nocturna. Los peritos dicen, después del siniestro, que el fuego fue culpa de un corto circuito. Yo digo que seguro tienen razón. Pero el desastre nace en el ambiente idóneo de estos dos locales, ideales para el fuego y la destrucción total (hay que ver las imágenes para espantarse del daño material, felizmente sin victimas humanas que lamentar). Ambos recintos estaban construidos de madera, en su interior estaban copados de luces y cables de electricidad, cada rincón tenia mucho material inflamable para generar la combustión ante cualquier chispazo provocado por la diosa fortuna o por algún descuido humano.   

Tengo una gran nostalgia por lo ocurrido. A pesar de no haber perdidas humanas, lo cual se agradece a quien se tenga que agradecer, siento que una gran parte de mi historia ha quedado perdida entre esos escombros, entre esos carbones calientes victimas de las flamas insaciables que no dudaron en tirarse todo ‘El Almacén’ abajo.

‘El Almacén’ ha significado para mi, momentos de mucha felicidad. Reuniones con amigos entrañables, celebraciones memorables, personas a las que nunca olvidaré, sentimientos extasiados que generaron el más grande amor que un hombre puede sentir por una mujer. Ese lugar que hoy yace sometido a la calamidad fue un centro de diversión juvenil primordial en la avenida la marina. Los fines de semana (y durante toda la semana) la muchachada limeña de los alrededores (dígase plaza San Miguel, Universidad Católica, San Marcos, Institutos, etc.) concurría sin demora a este centro nocturno para permitirse el desenfreno bien ganado después de una jornada ardua de trabajo o estudio.

Sofía y yo disfrutamos muchos momentos felices en este lugar. Podría decir que nos enamoramos en aquel establecimiento, entre amigos y copas de alcohol, entre esa música estrambótica y el calor infernal que se siente en esas discotecas que carecen del presupuesto suficiente para instalar un decente aire acondicionado. Ese lugar significó nuestro primer encuentro amoroso, bailes interminables, risas por doquier, humo por todas partes, amigos y felicidad extrema. Todas las jornadas, después del evento principal en la universidad Católica, en la temporada de examen de admisión, significaban encuentros interminables en esta discoteca de Pueblo Libre que hoy perdió la vida, ahogada por el humo, pero no el provocado por sus fieles asistentes, sino el humo negligente de ese empresario peruano que expone su vida y la vida de terceros por ahorrar unos cuantos centavos en prevención de siniestros.

Viendo las noticias me doy cuenta que el desastre fue mayúsculo. Quince unidades de bomberos valerosos ayudaron a controlar el fuego. Los vecinos del lugar salen gritando de sus guaridas, denunciando ante las cámaras de televisión lo que ya sabían desde hace tiempo: que no hay seguridad en esa zona de la avenida la marina, a los alrededores de ‘El Almacén’. Los propietarios aclaran que todos los papeles están en regla. Los responsables de la municipalidad pasan inadvertidos, concientes de su mala labor fiscalizadora, aliviados de que el incendio no haya terminado siendo otra Utopía y agradecidos de que nadie denunciará a los propietarios de la discoteca ni a la municipalidad porque no hubo muertos ni heridos que lamentar, por suerte.  

Sofía lamentará cuando se entere de esta desgracia en su ex barrio de la avenida la marina. Mis amigos deben estar conmovidos por los gratos momentos vividos ahí. Yo no dejo de pensar que el fuego me ha robado un pedazo de historia, una parte de la novela que no puedo terminar.

  

Para todas las personas que recuerdan ‘El Almacén’ con cariño y para los que dejaron una parte de su historia carbonizada en aquel lugar, en aquel templo juvenil de la avenida la marina.

 

 

 

escrito por Rodolfo Rodas Oré en: | (1) Comentarios | enviar por email

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"Lo que el fuego se llevo", se llevo problamente la mesa donde compartimos mas de una sangria o una cerveza, la silla donde estuvimos sentados y convirtio "El Almacen"en cenizas, ya no veremos mas la construccion de madera con un letrero de luz naranja y letra cursiva, pero los buenos recuerdos no se van si uno los sabe conservar, cuando los sentimientos son superiores a las cosas fisicas,no hay fuego que se los lleve o los convierta en cenizas.

Ahora tengo nostalgia por aquel lugar por todo lo que ahi vivi y se que ahora guardare con mas amor que nunca aquellos momentos, como la noche del 21 de abril, mi noche especial
Escrito por Anónimo a las 01:20 PM, 27/01/2009 | Link | |



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