
Tiempo de decir Adios
Hoy viaja Sofía rumbo a Francia. Es un día triste. El sol está deprimido tanto como yo. El día avanza por inercia, sin su andar acostumbrado. Las personas en la calle me miran con lástima, como si supieran que el gran amor de mi vida viaja al otro lado del mundo para nunca más volver. Siento como si alguien hubiera muerto, como si algún pariente al que quiero mucho hubiera dejado de existir. Las canciones en la radio me suenan a réquiem, los payasos me hacen llorar, no me puedo concentrar en el trabajo, no puedo escribir ni una sola línea. Me han cortado la luz eléctrica, mi celular no tiene baterías, mi alma tampoco. No me he bañado, mi cabello está horripilante, mi barba crecida, tengo más sueño que antes, mis ganas de beber alcohol han aumentado considerablemente, no tengo ganas de tirar con nadie, no tengo deseos de leer, abandoné la universidad, no disfruto un almuerzo con mis amigos, tengo miedo y muchas ganas de llorar.
En estas últimas líneas quisiera dejar en claro lo importante que es para mi amar a alguien como Sofía, una mujer que seguro seguirá viviendo en mis ficciones, un nombre al que adopté para siempre, más allá de cualquier persona, de cualquier mujer que ose llamarse así. Sofía apareció en mi vida como en un cuento de hadas, como en esos cuentos a los cuales jamás les doy crédito porque son sosos e infantiles. Pero amar tiene esa parte cándida de un niño que sueña con la perfección de las cosas, con ese mundo ideal, en donde todos somos felices sin saber cómo y creyendo que es para siempre. Sofía es ese amor para siempre, eterno, ese amor que te destruye la razón, la lógica o cualquier pensamiento racional, ese amor que es capaz de convertirte en un psicópata, asesino, alguien dispuesto a vengarse del mundo, pero que también puede hacer de ti el hombre más talentoso, el más dichoso, el elegido para salvar lo que queda de la humanidad. Es un amor que cree en Dios y en cualquier credo que te haga sentir que vale la pena seguir viviendo. Es un amor que te convierte en escritor o en héroe, en una mejor persona o en algo peor de lo que ya eres. Es un amor que no te deja como antes, siempre te cambia, te hace otra persona, te roba varias lágrimas, te regala miles de sonrisas.
No sé si vuelva a ver a Sofía. Lo más seguro es que no. Me queda la satisfacción de haberla amado como jamás ningún hombre la amará, con mis defectos y mis virtudes, con mis carencias y mis fortunas, con todo lo que un hombre puede entregar por amor sin esas etiquetas absurdas de la moral y las buenas costumbres. Yo amé a Sofía con la necesidad de un loco, con la pasión de un orate, como nunca he amado a nadie. Con Sofía alcancé el punto máximo de mi sensibilidad, descubrí las miles de formas de amar, separé el cuerpo del alma pero le entregué ambos a ella, la hice llorar y también lloré, la adoré con cada poro de mi cuerpo y besé cada tejido del suyo, jamás me sentí más feliz de haber conocido a alguien, ya sea en la ficción o en la realidad, Sofía siempre será el amor de mi vida.
Quién sabe, algún día cuando me vuelva a enamorar, sin querer le diré a mi amada: te amo mi Sofía, te amo por siempre. Ella me preguntará: por qué me dices así. Yo responderé: no sé mi amor, sólo me gusta ese nombre.
