BELLA DURMIENTE
Os hago participes de la lectura que con motivo de la convocatoria de "los Lunes Sin Sol" por parte de la plataforma contra la violencia machista ha realizado el Grupo Prometeo hombres por la igualdad, espero que os guste.
Bella Durmiente
Mamá lleva más de tres años compartiendo su cama con el silencio, sin poder regalarme el calor de esos abrazos que tanto echo de menos...
A veces me engaño y creo descubrir un atisbo de aquella sonrisa con la que trataba de ocultarnos su tragedia, pero es eclipsada de nuevo por la almohada.
Sé que me ha sobrado tiempo, pero también me ha faltado valor para escribirte esta carta. Ya no soy aquel niño inocente. Me he convertido en adulto a golpes. Si, a golpes físicos como los que recibí yo también sobre mí cuerpo; o los que intuía cuando mamá y tú os quedabais solos.
Y “a golpes” de esos que han ido dibujando sobre el mapa de mi alma, un mar de cicatrices: Mi hermana pequeña viviendo con los tíos lejos de aquí, y una madre que me sigue recordando a “
Desearía que cada una de estas palabras rebotasen sobre las paredes de tu celda, para impedir que pudieses pactar con el olvido.
¾ ¿Por qué te has maquillado hoy, mamá? Solía preguntar Andrea a la hora del desayuno.
Fueron años en los que yo no sospechaba nada, porque tú desempeñabas conmigo el papel de padre modélico. Éramos aliados en el fútbol y en los conflictos con las mujeres de la casa.
También “a golpes” de intuiciones, mi hermana me fue abriendo los ojos. Se empeñaba en repetirme que nuestra madre compartía lágrimas con el café y el zumo todas las mañanas, o que sus párpados variaban de tonalidad, o que no eran normales sus mangas largas en pleno verano.
¡Qué inconsciente era! Al cabo del tiempo, fui entendiendo aquel lenguaje gestual que sustituía la desesperación de tanto silencio.
Al final ni siquiera compartíamos las cenas contigo, y ella procuraba que estuviésemos acostados a tu regreso.
Andrea se inventó toda una red de fantasías para protegerse de ti, mientras tú ibas saqueando alevosamente mi confianza. Hasta me llegué a creer que el volumen tan exagerado de la televisión se debía a tu pequeña sordera.
Al menos, tus gritos e insultos no formaron parte de nuestros sueños infantiles...
No teníamos parientes cercanos a quien recurrir; e incluso en su trabajo, mamá trataba de ocultar aquel infierno que le brotaba en la piel, a modo de sarpullido, al estar en tu presencia.
Hubo algún fin de semana en el que parecíamos una familia “relativamente” feliz, pero se trataba sólo de un espejismo: un falso oasis que ella creaba para que nosotros no sufriéramos.
Y ahora está allí sobre esa cama, amarrada a una máquina que ha trazado un delicado cordón umbilical para impedir su partida definitiva. Los médicos no han perdido la esperanza al detectar signos favorables en su actividad cerebral.
Quizás el hilo se pueda ir convirtiendo en una poderosa soga a la que pueda asirse para evitar el naufragio.
He deseado tantas veces haber sido yo el cuerpo al que empujaste por las escaleras, pero... ¡no estaba allí!
¿Sabes? Tengo novia desde hace ya un año, y el otro día estuve a punto de levantarle la mano y golpearla. Por un momento, el espejo me devolvió la imagen del monstruo en el que te convertiste; y lloré de rabia. Le hice prometer que se alejaría de mí si existía una segunda vez.
Supongo que mamá no supo o no pudo romper el miedo con un portazo; y el primer golpe tan sólo fue un eslabón en la cadena que fuiste construyendo alrededor de su vida y que te encargabas de apretar a menudo.
Todos los días comparto con ella mi historia favorita. Le prometo que despertará como “
Carta del II Concurso “Díselo a quien maltrata” organizado por el Concello de Lalín (Pontevedra) en noviembre de 2004.
